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Después de la guerra es antes de la guerra

En Siria se juega no sólo la suerte de Medio Oriente sino la de la competencia entre EE.UU. y Rusia y la posibilidad de que Gran Bretaña y Francia vuelvan a primera “A”

por Eduardo J. Vior

Eduardo J. Vior

Después del bombardeo aliado del sábado pasado la guerra que azota a Siria desde hace siete años se reanudó con toda su virulencia. Es que las potencias occidentales y sus aliados en la región no pueden admitir que el gobierno de Baschar al Assad recupere el control sobre la totalidad del territorio. Para ello ya están pensando cómo mantener un contingente en el noreste del país.

Después de tres días de espera, finalmente, el martes por la mañana los investigadores de la Organización Internacional para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) pudieron entrar en las áreas de la ciudad de Duma (al este de Damasco) afectadas el sábado 7 por un ataque con armas químicas. En el atentado murieron más de 40 civiles. Las potencias occidentales inmediatamente acusaron al gobierno de Baschar al Assad por la autoría del mismo, justificando así el bombardeo con cohetes del sábado 14.

Los inspectores habían llegado a Damasco el día del bombardeo, pero no pudieron ser transportados a la región afectada por la subsistencia en la misma de actividad terrorista. Así, al menos, lo informó la agencia estatal de noticias SANA. Este retraso fue aprovechado por franceses y norteamericanos quienes acusaron a los expertos militares rusos de haber limpiado todas las pruebas de la autoría siria.

Por su parte, el presidente francés Emmanuel Macron concurrió el martes al Parlamento Europeo en Estrasburgo donde defendió ardorosamente el bombardeo del sábado. Sin embargo, admitió que se había tratado más de una decisión política que económica. «Han intervenido tres países –dijo el mandatario- y permítanme serles franco: lo hemos hecho sobre todo por el honor de la comunidad internacional. Estos ataques no resuelven nada, añadió, pero creo que son muy importantes».

En tanto, desde el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores han instado a los países que el sábado bombardearon Siria a no interferir en la investigación del supuesto incidente químico en Duma. Poco antes su par francés había asegurado que Rusia y Siria están impidiendo la investigación de la OPAQ en Duma.

Horas más tarde, la portavoz de la cancillería rusa, Maria Zajárova, respondió en cuatro puntos al ataque francés: 1) «Fue Rusia la que apoyó con más energía la realización de una investigación de la OPAQ lo más pronto posible», señaló Zajárova. 2) «Aun no siendo organizadora del viaje, Rusia ofreció toda la ayuda necesaria y los inspectores ya están en Duma», agregó. 3) «El acceso de los inspectores fue obstaculizado por la permanencia de milicianos en Duma y la ONU quería tener más seguridad», siguió. 4) «No queda claro, por qué el Ministerio de Exteriores de Francia habla en nombre de la OPAQ y de los inspectores. Si éstos tuvieran problemas, lo habrían manifestado ellos mismos», terminó.

Entre tanto, según la agencia oficial SANA, el mismo martes se firmó en la localidad de Dumeir un nuevo acuerdo para la evacuación de combatientes del Yaish al Islam (Ejército del Islam). El acuerdo consiste en la salida de cerca de 1000 combatientes de Dumeir, situada en la región de Qalamun, a unos 50 kilómetros al noreste de la capital siria. Este tipo de acuerdo, llamado de «reconciliación», permite el mantenimiento de los rebeldes en el lugar mediante un alto al fuego. A cambio, las autoridades autorizan la entrada de ayuda y mercancías. No obstante, los milicianos de Yaish al Islam deberán trasladarse a Jarablos, un territorio rebelde al noreste de Alepo.

Se prepara la nueva guerra

Al mismo tiempo que el Ejército Árabe Sirio (EAS) recupera el control sobre el centro y sur del país, EE.UU. y Rusia se preparan para una batalla mayor entre las fuerzas que respectivamente protegen en el este de Siria. De acuerdo al diario libanés Al-Masdar News, el EAS está concentrando grandes contingentes en la ribera occidental del Éufrates, al este de Deir Ezzor, donde ingenieros militares rusos recientemente construyeron un puente. Si las tropas lo cruzan, estarán muy cerca del yacimiento petrolífero de Al-‘Umar, el mayor de la región.

Sin dudas, las milicias árabes sostenidas por Estados Unidos resistirán, lo que obligará a éstos últimos a intervenir. El presidente Donald Trump ha vuelto a anunciar que “pronto” comenzará a retirar de Siria a los 2000 efectivos norteamericanos distribuidos entre el noreste, el este y el sur del país. Para evitar, empero, que los territorios que ahora ocupa caigan en manos gubernamentales o iraníes, sus funcionarios están negociando la organización de una fuerza árabe multinacional que intervenga en Siria contra el gobierno de Assad. El ministro de Relaciones Exteriores saudita, Adel al-Jubeir, confirmó el dato el martes y agregó que su reino ha ofrecido enviar fuerzas del bloque de países sunitas organizado por Saudiarabia.

El propio John Bolton, Consejero Nacional de Seguridad de Trump, llamó hace pocos días a Abbas Kamel, jefe de la inteligencia egipcia, para preguntar si El Cairo estaría dispuesto a colaborar con la empresa, pero sólo recibió evasivas. Egipto ya está enfrascado en una lucha sin fin contra el EI en la península de Sinaí y tiene grandes efectivos comprometidos en el control de la frontera libia, que desde el asesinato de Gadafi está fracturada entre múltiples bandas y clanes en guerra permanente.

Una alternativa que se baraja es que la contratista privada Blackwater se haga cargo, pero el dueño de ésta, Erik Prince, no quiere meterse en Siria sin el apoyo de Trump.

Si EE.UU. y sus aliados no logran hallar pronto un testaferro que se haga cargo de las milicias árabes y kurdas que ellos prohijaron en el noreste y este de Siria y el EAS, apoyado por Rusia, sigue su avance, los occidentales pronto se verán confrontados con los rusos. Éstos son sumamente prudentes y tratarán de evitar el choque, pero no detendrán a sus aliados sirios e iraníes. En ese caso, Trump nuevamente será presionado por el Pentágono, Gran Bretaña y Francia “por una cuestión de honor”. Si cede, se meterá en una guerra sin fin. Si resiste y retira las tropas, será muy atacado en casa.

De la suerte de Siria dependen el control sobre la producción y transporte de los hidrocarburos de Medio Oriente, el trazado final de la Ruta de la Seda que está construyendo China y el diseño de las respectivas áreas de influencia rusa y norteamericana en el Medio Oriente ampliado. Finalmente, esta guerra decidirá también si Gran Bretaña y Francia retornan a la primera “A” aprovechando la decadencia estadounidense. Por el dominio que el Reino Unido, Francia e Israel tienen actualmente sobre nuestro país y el Atlántico Sur, este último punto nos atañe directamente. Estamos más comprometidos con la guerra del Medio Oriente de lo que pensamos.

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